Vacaciones de KM0

Planes de verano sostenibles para disfrutar de un descanso sin descuidar el medioambiente

Las vacaciones, aunque sea por un merecido descanso, son también una de las principales causas del aumento de contaminación en nuestro entorno. Según un estudio, el turismo es responsable del 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo, casi una décima parte de las emisiones globales.

 

Siguiendo las actuales quedadas de recogida de colillas en la playa, la semana de boicot a los alimentos envasados en plástico desechable, el fomento del consumo de productos y alimentos de proximidad, entre otras muchas propuestas, llega una nueva tendencia de consumo sostenible esta temporada de verano: vacaciones de km0. Las causas para la creciente demanda de estos nuevos planes vacacionales sostenibles vienen motivadas por los siguientes factores, entre otros.

Grandes emisiones de CO2 a causa del desplazamiento. El avión, transporte preferido e incluso obligado en vacaciones a islas, países exóticos o lejanos. Rápido y, en muchos casos, barato, no lo es sin embargo para el medio ambiente, ya que es el medio que más emisiones de dióxido de carbono provoca (285 gramos de CO2 por pasajero y kilómetro). En comparación, otros, como el coche, y el autobús liberan 104 y 68 gramos de CO2, por pasajero respectivamente. La alternativa señalada más sostenible es el tren, con tan sólo 14 gramos de dióxido de carbono. Sin duda una variable a tener en cuenta en desplazamientos dentro de la península, ya que el 64% de los españoles se decanta por un destino nacional en sus vacaciones (2018).

Prácticas poco sostenibles en resorts y cruceros. Consumo de agua sin control, toallas que apenas han sido usadas y se lavan a diario, frascos de amenities de plástico, pajitas desechables en los cócteles… Hasta ahora, las vacaciones eran sinónimo de despilfarro de recursos naturales y desechos no orgánicos. Por suerte, las grandes cadenas y cruceros ya están despertando y aplicando planes medioambientales, de ahorro y responsabilidad social corporativa. Un ejemplo es la cadena hotelera Marriott que ha acordado eliminar todas las pajitas de plástico de sus más de 6500 hoteles a partir de este mes de junio (2019). Esto supone ahorrar al planeta el consumo de más de 1 billón de pajitas anuales.

 

Despilfarro de recursos y consumo desmesurado. En vacaciones no solo aumenta el gasto de agua (calor, la necesidad de hidratación) sino también de energía y electricidad (ventiladores, aire acondicionado y neveras). También se dispara el consumo de productos de restauración, retail, moda (artículos de playa, ropa) y alimentación (helados, bebidas alcohólicas), entre otros. Reducir o motivar un consumo responsable donde se prioricen productos sin envolturas de plástico, la reutilización de envases o elección de estos en formato biodegradable, así como el buen uso de los recursos de electricidad (reduciendo el consumo de luz en bombillas, apagando el aire acondicionado durante la noche, etc.) son algunas de las recomendaciones para no contaminar, y ahorrar dinero.

 

Abandono de basura en paisajes naturales. Estando de vacaciones, se busca descubrir las novedades y atracciones del lugar que se visita, pero la huella humana es más destacada y pronunciada de lo que podemos llegar a pensar. En consecuencia se generan desechos y basura no biodegradable, en parajes naturales y en áreas no designadas, por esto entendemos: fuera de las papeleras. Actualmente, hay muchas iniciativas de limpieza de playas y recogida de basuras en áreas verdes que están sumando adeptos con el fin de hacer que el medioambiente no pague por nuestra desconexión veraniega.

 

Estas son algunas de las acciones y prácticas vacacionales con mayor impacto, negativo, en el planeta. Aún así, es posible ser respetuoso con el entorno sumándose a la tendencia de las vacaciones de km0 que permite disfrutar de los tres imprescindibles más buscados en las vacaciones (playa, cultura y relax) mientras ofrece una opción medioambiental para disfrutar del verano en la ciudad. Algunas de las propuestas dentro de esta tendencia son:

 

Descubrir un área rural cercana. A pocos kilómetros en tren, o coche, se puede hacer una ruta de senderismo que nos sumerja en pueblos pintorescos, gastronomía tradicional, lagos y cascadas naturales. Hay muchas plataformas que permiten reservar o contratar un guía local o una excursión organizada con varias opciones a elegir (históricas, gastronómicas, tour vinícola, etc.) y diferentes modalidades (a pie, a caballo y hasta en piragua) para conocer la naturaleza y cultura cercanas.

 

Disfrutar de piscinas de los hoteles de tu propia ciudad. Cuando el termómetro pasa de los 30 grados es necesario refrescarse. Ya no hace falta viajar para poder disfrutar de la comodidad y relax de un hotel,  pudiendo disfrutar por unas horas de él y de su piscina, spa, terraza, gimnasio.. y todos sus servicios en tu propia ciudad y sin tener que alojarse toda la noche. Un ejemplo es la aplicación BYHOURS, en la que puedes además elegir la hora de entrada al hotel y pagar sólo por el tiempo que pasas en la habitación (y piscina). Una buena propuesta de vacaciones entre semana o durante el fin de semana.

 

Apuntarse a un retiro o cursos. Hay multitud de hobbies o skills a potenciar: yoga, meditación, pintura, cocina, joyería, idiomas, enología, permacultura… hasta de Excel o de bolsa. El verano, donde se popularizan las jornadas intensivas, es buena época para aprender algo nuevo, inspirador y relajante, e incluso productivo como aprender a crear un huerto urbano, hacer negocios en francés o invertir en bolsa.